martes, 29 de mayo de 2012

Cuando la Concertación se dispara en el en el pie.




Efectos de las "novedosas" declaraciones de don Patricio Aylwin
Como si no bastaran los varios desencuentros y erráticas acciones al interior de lo que queda de Concertación tras perder las últimas elecciones presidenciales, como si no fuera suficiente que no exista autocrítica y una autoevaluación seria respecto de las razones por las cuales la ciudadanía no optó por el candidato de la actual oposición, hoy los cabecillas y parlamentarios de la Concertación se han enfrascado en un absurdo debate sobre los dichos del ex presidente Patricio Aylwin acerca del gobierno del ex presidente Allende y del rol del general Pinochet durante los primeros años de la transición.
¿Habrá algún dirigente de la Concertación que ciertamente desconozca cuál era la opinión de Aylwin respecto de Allende? ¿Realmente las declaraciones del ex Presidente son una novedad para alguien? Si es así, ¿por qué tanto revuelo? Sabido es que Aylwin y el partido Demócrata Cristiano era opositor al gobierno de Allende. Conocido también es que muchos dirigentes de ese partido apoyaron e incitaron muchas de las gestiones (directas e indirectas, acciones y omisiones) que durante el gobierno de Allende desembocaron en el golpe de estado del 73.
Por otra parte, un gobierno se puede evaluar en función de tres aspectos: el cumplimiento de sus ‘promesas de campaña’ o plan de gobierno, los logros en materia de desarrollo (social, económico, cultural, etc.) y en popularidad o nivel de aprobación. Un análisis objetivo, que sólo la historia puede brindar cuando los actores de la época ya no estén y los fervores se hayan apaciguado, dictaminará si el gobierno de Allende fue un buen o mal gobierno. Por ahora se puede afirmar que, por las razones que sean (intervencionismo, oposición destructiva, gestiones de poderes fácticos, entre otros) Allende no logró buena nota en ninguno de los tres aspectos antes mencionados. Hoy, la radicalización de su imagen tras su muerte, su ambivalente e icónica efigie no permite hacer una evaluación objetiva. Como ejemplo baste decir que su fallecimiento es calificado como ‘cobarde’ por algunos y como ‘heroico’, por otros.
Radicalmente opuestas son las declaraciones del ex mandatario sobre el rol de Pinochet durante su gobierno. Estos hechos están más frescos en la memoria de la mayoría de los chilenos y, claramente, el general no fue un facilitador de la transición, proceso que no se efectuó de acuerdo a sus planes originales.
Es cierto que las declaraciones sobre Allende son visiones distintas que se transforman en puntos de desencuentro de los partidos que conforman la Concertación, mientras que la opinión sobre Pinochet son justamente lo contrario. Pero precisamente, la Concertación fue creada con la finalidad de generar el término pacífico de la dictadura militar y asumir la transición hacia la pseudo democracia que hoy tenemos. Pero insisto, estas diferencias no son ninguna primicia. El problema está en que hoy ya no está Pinochet y el pegamento que unía a la fuerza a los partidos concertacionistas ya no existe. El adhesivo hoy es simplemente las ansias de volver a gobernar y el slogan de “derrotar a la derecha”. Nada más.
Cuando el ungüento aglutinador es tan enclenque como éste (adicionado con un engrudo balsámico efímero como es una candidata proclamada pero que no se da por aludida), ciertamente unas declaraciones añejas y poco originales del vetusto ex presidente, que entierran el dedo en el estigma concertacionista sólo sirven para percibir el debilitamiento de un conglomerado político que no tiene un diagnóstico claro de la realidad, que no presenta propuestas lúcidas y atingentes con esta realidad, y que carece de un liderazgo que permita guiar el barco a buen puerto. Las consecuencias de dispararse en el pie.
Lo demás… música. Y de la estridente.

lunes, 28 de mayo de 2012

Cuando estacionar es sinónimo de pagar.



Los servicios públicos que son más cercanos a la gente son aquellos que establecen políticas públicas que atingen directamente los intereses de los ciudadanos y no, necesariamente, aquellos que físicamente están más cerca de la población generando interacción con ella. El registro civil y el Servicio de Impuestos Internos, por ejemplo, son entidades que prestan servicios a diario, pero no son reconocidos por su cercanía. Finalmente, no nos ofrecen nada que no sean trámites obligatorios.
Los municipios –una suerte de mini-gobierno– brindan servicios que corresponden a estos trámites obligatorios (patentes, permisos de circulación, permisos de edificación, etc.), pero también ofrecen servicios sociales (asistencia social, capacitación, intermediación laboral, etc.) que son altamente importantes para vastos sectores de la población.
A nivel central, la Dirección del Trabajo y el SERNAC, en cambio, si ofrecen servicios que son sumamente útil para los ciudadanos, principalmente los de la denominada "clase media". Esto es obvio si se entiende que estos organismos velan por los intereses de trabajadores y consumidores, respectivamente. Otros servicios, que aparecen más lejanos y son algo desconocidos, a partir de la implementación de políticas públicas de interés ciudadano, también aparecen cercanos. Es el caso de la CONASET –Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito– . La reciente implementación de la ley “tolerancia 0”, el nuevo sistema para otorgar licencias de conducir más exigentes, la mayor fiscalización de transportistas escolares, entre otros, generan efectos deseados por todos y la pega está bien hecha, aunque sin mayor parafernalia.
Y allí está el SERNAC, una entidad pública extremadamente sensible para una sociedad de consumo como la nuestra, generando muchos anuncios pero escasos resultados. El único hito de esa institución en los últimos dos años ha sido el caso La Polar, el cual pudo haber sido un verdadero acierto del gobierno en materia de protección del consumidor y, sin embargo, ya todo huele mal. Un proceso poco claro, arreglos extrajudiciales dudosos, indemnizaciones irrisorias, inculpados sólo con arraigo, abogados querellantes que se harán millonarios, la empresa que no pagará realmente lo que debiese y, la guinda de la torta, explicaciones inexplicables por parte del director del SERNAC.
El último “numerito” fue el anuncio del SERNAC de que se obligaría a los dueños de centros comerciales a dejar de cobrar por el uso de baños y estacionamientos para clientes. Bastó un solo llamado desde más arriba para que la versión se cambiara: “lo de los baños es impresentable, pero lo de los estacionamientos, hemos generado una mesa de trabajo para ver que se hace con ello”. Como Condorito.
Bastó sólo eso como para sembrar un manto de dudas respecto del actuar de este servicio. ¿Realmente está con los consumidores o simplemente intermedia entre éstos y los muchos derechos de los empresarios, en pro del buen funcionamiento del Sr. Mercado?
Y se ha dicho de todo, desde que no importa que cobren si se hacen responsables de robos o daños hasta que entonces no se debiese cobrar por estacionar en la vía pública, más cuando se paga por el permiso de circulación. Sólo voladores de luces. El permiso de circulación es, justamente, para circular y no para estacionar, y la recaudación por estacionar en la vía pública está destinado para el gasto municipal, es decir, gasto a la comunidad (distinto es, luego, si el uso del recurso está bien administrado).
La recaudación en un estacionamiento privado es… como su nombre lo indica, para el privado. Es decir, para lucrar. Distinto es, luego, si con la recaudación se mejoran los servicios del propio estacionamiento (lo cual forma parte del mejoramiento del servicio privado).
Ahora, el tema de fondo: ¿Es lícito que los centros comerciales y clínicas lucren con un cobro por el uso del estacionamiento? Sí. Ahora, ¿es ético o moralmente correcto que lo hagan? Debate… y confusión. La Ordenanza de Urbanismo y Construcción obliga a los centros comerciales (así como a otros locales como colegios, clínicas, supermercados, etc.) a construir una cantidad mínima de estacionamientos con la finalidad de cubrir en parte el impacto vial que la obra genera. Claramente los centros comerciales construyen más estacionamientos de acuerdo a lo que el mercado indica (que es bastante distinto a la norma). El uso de éstos debiese ser exclusivamente para los usuarios del centro comercial y, a veces no es así. El cobro sería para evitar este “mal uso”.
Pues bien, hay muchas formas de evitar esto sin necesidad de cobrar. ¿Por qué en un hotel no cobra por su estacionamiento, o la mayoría de los supermercados? ¿No bastaría con presentar una boleta por el consumo? Finalmente el estacionamiento es un servicio conexo.
Pero esto no acaba aquí. Muchas empresas y servicios públicos cobran a sus empleados por el uso de su propio estacionamiento. Este es el meollo del asunto: el mercado SIEMPRE tratará de que el costo lo paguen otros, sin asumir los gastos operacionales. Llevado al extremo: si llevas de urgencia a un pariente a una clínica, puede ser grande tu sorpresa cuando, además de los elevados costos del servicio y lo poco que te cubre la Isapre, tengas que pagar al salir del estacionamiento.

jueves, 24 de mayo de 2012

La Clase Media o la media clase chilena.



Desde hace ya algunos años se puede leer en algunos medios sobre la deuda con la clase media. El concepto fue objeto de culto en la campaña presidencial y se ofreció “alma y corazón” con la clase media y otro candidato prometió ampliar la protección social. Peno más allá de los compromisos de campaña, la pregunta que cabe hacerse en primer término es ¿qué es la clase media? para luego ocuparse de por qué es objeto de interés político.
Nada puede ser más difícil que definir algo que lleva el adjetivo ‘medio/a’ ya que significa, literalmente, lo que es igual a la mitad de algo o que está entre dos extremos, en el centro de algo o entre dos cosas o en un período entre dos tiempos. De allí derivan otros conceptos como promedio o intermedio. Luego, otra acepción se relaciona con las características o condiciones generales de un grupo social, de una época o de algún tipo de agrupación, p.e. “el ciudadano medio” (que es menos prosaico que “el ciudadano de a pie”). Se amplia así el sentido de las acepciones literales hacia una que involucra no solo a la parte que en una cosa equidista de sus extremos sino a la mayor parte de la cosa expresada, como una figura hiperbólica; p.e. “medio Chile está bajo el agua”. Pero también se utiliza el concepto para expresar una acción incompleta, p.e. “a medio vestir”. Se entenderá, entonces, que las distintas acepciones del concepto son, justamente, ‘medio’ confusas. Por último, es destacable que el significado referido a la  mitad de las cosas, varíe paradójicamente hacia el sentido opuesto: ‘medio’ también se refiere al conjunto de circunstancias culturales, económicas y sociales en que vive una persona o un grupo humano o, biológicamente hablando, al conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades, p.e. “habita en un medio acuático”. Es decir, se hace referencia a lo envuelve una cosa, principalmente un ser vivo, y no al centro de la cosa expresada. En fin, mucha divagación y verborrea etimológica.
Si ya es difícil entender el adjetivo, cuando califica al sustantivo ‘clase’ se hace muy compleja su comprensión. Partamos por decir que no existe una clase media sino varias y que desde la sociología se prefiere hablar de ‘estrato’, ‘sector’ o ‘nivel socioeconómico’ que es más preciso y no hace referencia a un ámbito amplio sino segmentado. Llegué a pensar en la ‘clase media’ escuchando una empalagosa canción ochentera en la radio que me recordó los miti-miti de fruta. Nada más ad-hoc para derivar en el concepto de ‘medio’. Pero en realidad hice memoria de aquellos años en que era mucho más fácil identificarse con una clase social y claramente uno reconocía quien era o no de la clase media. Muchos se identifican con la familia de los Herrera de los 80.
Es justamente a partir de esa tortuosa pero entrañable década que la clase media chilena cambia radicalmente. Ya no está constituida exclusivamente por funcionarios públicos o de servicios financieros sino que emergen los jefes de hogar dependientes de privados: técnicos y profesionales de nivel medio, empleados de oficina, trabajadores de servicios privados y vendedores de comercios, operarios de artes mecánicas y de otros oficios. Esta masa fue creciendo durante los ’90 en función de tres factores: la disminución de la pobreza de 39% a 18%, la profesionalización de los jóvenes y el crecimiento económico del país. Este resultado generó una clase media diversificada: un estrato medio-bajo –muy vulnerable– que apenas se diferencia de las clases empobrecidas cuyo origen es que han superado matemáticamente la línea de la pobreza a partir de las políticas sociales (parte del sector D); un estrato medio que se ha generado por la providencia del “chorreo” y que hoy se ha denominado peyorativamente “clase media aspiracional” –como si el resto de los estratos no tuviera aspiraciones–  (el sectores C3 y C2); luego un estrato medio-alto compuesto por los nuevos profesionales y por la movilidad social generada por el crecimiento económico y que se denominan siútica y pomposamente “clase media acomodada” (C1 inserta en el ABC1). Claro está que internamente dentro de cada estrato hay diferencias. Un ejemplo grafica mejor. Una familia tradicional (hogar nuclear completo) cuyos miembros parentales son un oficinista y una vendedora del retail con hijos en colegios subvencionados pertenecen al sector C2, mientras que una familia con jefa de hogar (hogar nuclear incompleto) profesional con hijos en colegios particulares pagados también forma parte del sector C2. Otro ejemplo, otra familia tradicional con miembros parentales dueños de un pequeño almacén de barrio y con hijos pueden pertenecer al sector C3 mientras que una familia tradicional cuyo jefe de hogar es campesino, también pertenecen a ese sector. Un tercer ejemplo. Una familia con jefa de hogar que trabaja en el servicio doméstico y con hijos en colegios municipales pertenece al sector D, sin ser una familia bajo la línea de la pobreza, mientras que un hogar formado por un jubilado ex oficinista y su cónyuge, también.
Entonces, ¿es posible definir esta clase media como una sola? Se estima que un hogar de la clase media en Chile obtiene rentas mensuales de entre $225.000 y $775.000. Parte del problema es determinar los miembros económicamente pasivos de estos hogares a fin de definir el per cápita. Allí radica la diferencia de ‘niveles socioeconómicos’. Un hogar con una renta de $225.000 y con tres miembros en la familia es clase media; con cuatro ya es clasificado de pobre: la dureza de los métodos de medición de la pobreza. Al revés, un hogar de 2 integrantes con una renta de $775.000 es ABC1; con más integrantes ya es C2.
Todo lo anterior es un breve análisis interno. Si comparamos nuestra “clase media” con la de otros países, son evidentes dos aspectos: el bajo nivel socioeconómico de esta clase social en Chile y lo disminuida que es en representación demográfica, social, cultural y política. Pero de eso me ocuparé en otro blog.

jueves, 17 de mayo de 2012

Por qué a Piñera le va mal en las encuestas?


La primera semana de mayo, cuando Adimark entregó los resultados de su encuesta de evaluación del gobierno, y el presidente Piñera caía a su nivel más bajo de aprobación con un 26%, al oficialismo se le cayó el mundo encima. Una semana más tarde, los resultados del estudio de opinión pública semestral del CEP terminaron por desmoralizar a los más optimistas del gobierno con el magro 24% de aprobación. En términos generales, ambas encuestas evidencian una misma situación –que ya no puede ser negada por nadie– la calificación o evaluación al gobierno, al presidente, al poder legislativo, al oficialismo y a la oposición, en general, a toda la clase política, está por el suelo.
Lo que sorprende de esta fotografía social es que no se logra una explicación para esta evaluación negativa y, en consecuencia, aparecen especulaciones y reflexiones de todo tipo. Ésta es una más.
 
Con Piñera, tras ser electo con el 51,6%, la derecha celebraba por primera vez, desde que Jorge Alessandri el año 1958 ganó las elecciones con una mayoría relativa (31,5%), llegar a ocupar la Moneda. La celebración era grande (se hablaba del “desembarco”) a pesar del estrecho margen de votación y de haber sido el presidente electo con menor cantidad de votos desde 1989 (poco menos de 3.600.000 sufragios). ¿Qué hizo que la derecha superara su tradicional 40%). Lo cierto es que en ese momento no se supo leer lo que la ciudadanía dictaminó: parte del margen de votantes que el 2010 se inclinó por el candidato de la Alianza, habiendo votado tradicionalmente por candidatos de la Concertación, no lo hizo por Piñera, lo hizo para castigar a la Concertación (junto con el importante electorado que invalidó su sufragio o simplemente no votó). Otro grupo de electores lo hizo porque el candidato de la Concertación no era de su agrado (el eslogan era “Frei ya tuvo su oportunidad”). Y otro grupo lo hizo porque Piñera encarnó lo que la sociedad estaba exigiendo desde entonces: un cambio en el sistema. Piñera hizo un ofertón irresistible para estos electores. Hoy muchos de ellos se retractan. ¿Quién no conoce algún arrepentido?
En ese escenario, Piñera llegó a la Moneda y mantuvo su adhesión durante casi todo el año 2010, incluyendo su peak en octubre cuando con éxito salieron los 33 mineros desde las entrañas de la mina San José. Luego, la mediática exposición del presidente y de su ministro estrella terminaron por saturar a parte de los ciudadanos. A nadie le gusta una persona que anda por la vida enrostrando sus logros sin humildad. Desde diciembre de 2010 y hasta hoy, el presidente nunca más superó el 50% de aprobación (desde mayo del año pasado no sube del 35%). ¿Por qué? Creo que la respuesta no es una sola.
Parte de la ciudadanía se desencantó del presidente. Los ofertones no llegaron… publicidad engañosa. Y allí está la famosa “letra chica” de las leyes sociales del oficialismo. Parte de este efecto se debe a que los sistemas comunicacionales del gobierno dejan mucho que desear y, por otra parte, al constante vapuleo de la oposición a cada iniciativa gubernamental.
Por otra parte, se critica duramente el hecho de que el gobierno carece de manejo político. Esto que podría parecer sólo una crítica desde la oposición, tiene efectos reales cuando frente a los conflictos y movimientos sociales, el gobierno parece errático y, en vez de solucionar con convicción las problemáticas. Parte de la ciudadanía lo percibe así y aparecen algunos de los atributos que más se le critican al presidente: autoridad (43%), capacidad para resolver problemas (45%), liderazgo (40%). Lo anterior lleva a la pérdida de confianza (29%) y del respeto (34%).
Aquí, claramente, si un presidente no cumple lo prometido y no es claro en su gestión, no es creíble (30%), y, por añadidura, no es querido (31%).
Otra parte de la ciudadanía, la parte más conservadora que tradicionalmente ha votado por la derecha, siente que este gobierno no es un gobierno de derecha propiamente tal. El SERNAC financiero, la reforma tributaria, entre otros, son muestras de aquello. La UDI no deja de patalear por ello y con razón. Piñera no es creíble ni es querido.

martes, 15 de mayo de 2012

El circo por el Caso Tsunami.


Es evidente que el oficialismo ha iniciado una campaña política para desprestigiar a la ex presidenta Bachelet y, por el lado de la oposición se efectúan acciones para defenderla, todo en el marco de, por el lado de los ataques, la gestión de la ex mandataria tras el terremoto del 27 de febrero de 2010 (o 27 F, como lo ha bautizado la prensa siútica e imitadora), y, por el lado de la defensa corporativa, los resultados de las encuestas que dan una amplia ventaja a Bachelet por sobre cualquier nombre del oficialismo.
Lo más lamentable del caso es que los familiares de las víctimas jamás podrán conocer con la objetividad que hubiesen pretendido, qué fue lo que efectivamente ocurrió esa fatídica madrugada. El caso judicial hoy va por un camino (con altibajos) y el caso político (politiquero mas bien), va por la vereda de enfrente, y se enturbian, se entorpecen. Judicialmente lo que la fiscalía y demandantes quieren es precisamente conocer si los errores cometidos por los organismos que tienen a cargo la seguridad de la población en casos de emergencia (de catástrofe, más bien) tienen o no responsabilidad penal respecto de no haber emitido una alerta de tsunami, acción que, por omisión, habría sido responsable indirecta de 156 muertes y 25 desaparecidos. Políticamente, en cambio, se buscan responsabilidades administrativas y políticas por el actuar de las autoridades tras el sismo. Ambas temas son distintos. Se pueden tener responsabilidades políticas, incluso administrativas, sin que éstas sean constitutivas de delito alguno. Por tanto, quienes pretenden mezclar los ámbitos sólo buscan un objetivo politiquero, esto es, desprestigiar a las autoridades de la época. Es por ello que la hoy cuestionada (por parte de los querellantes y del oficialismo) fiscal Huerta tiene claro que la ex presidenta Bachelet no tiene responsabilidad penal, ni siquiera civil y, en consecuencia, judicialmente nunca será formalizada ni menos procesada por este caso.
A partir de un video ya difundido el año 2010 en la prensa, se pretende inculpar a la ex mandataria por ocultamiento de información, toda vez que, de acuerdo a lo que allí se observa, mientras Bachelet enfrentaba las cámaras de TV a las 6 de la mañana, se puede escuchar una conversación radial en la que se informa (se desconoce quien es el emisor) que ocurrió un tsunami en la isla Robinson Crusoe (archipiélago de Juan Fernández). Posteriormente la ex presidenta, aconsejada por su asesora, decide no entregar dicha información a la prensa. Es nuevamente interrogada por los medios que ya conocían por filtraciones que el hecho había ocurrido a las 4:25 de la madrugada y responde que no ha habido tsunami en las costas del sur y que las informaciones no oficiales hablan de olas mayores a lo normal producto del sismo. Por tanto, si bien se le aconseja ocultar información, finalmente la ex presidenta si se refirió a ella.
Ciertamente lo que ocurrió en esa situación es que la información oficial (la que se entrega por las ONEMI regionales y demás organismos de seguridad) era absolutamente escasa. Hasta la prensa carecía de información. Las comunicaciones estaban caídas y no había forma a esa hora de corroborar lo que estaba ocurriendo. La información de Juan Fernández había sido proporcionada por un concejal, ni la capitanía de puerto de la Armada en Juan Fernández ni Carabineros de la isla corroboraban dicha información. Por el contrario, se hablaba de variaciones centimétricas del nivel del mar. ¿Cómo entonces se podía decir que había ocurrido un maremoto? Luego se levantó una hipótesis extraña: las marejadas que se comenzaban a informar no eran tsunami... Tsunami son olas que entran cientos de metros tierra adentro como lo ocurrido en Indonesia. Finalmente si eran olas sísmicas. Lo que ocurre es que en Chile desde la costa a los cerros hay pocos metros y por ello el mar no entra kilómetros tierra adentro (por suerte) como en Japón o en Indonesia, con excepción de las desembocaduras de los ríos.
En este caso, como ya lo he comentado, lo que hubo fue una paupérrima plataforma de emergencia, con protocolos poco precisos que fue desbordada por un hecho de la naturaleza de gran magnitud a escala planetaria, no había comunicaciones, los técnicos ignoraron los acontecimientos y no se emitió una alerta temprana. Ya comenté que probablemente el que hubiese habido dicha alerta no hubiese evitado las muertes, al menos no todas, pero acá lo que se juzga es el no haber efectuado adecuadamente la labor preventiva. Si eso es así, no hay delito sino falta administrativa. Si se comprueba que el no haber dado la alerta fue condicionante indirecta de alguna muerte (como creo que lo fue justamente para el caso de Robinson Crusoe), pues algunos formalizados deberán ser condenados.
Luego están las que claramente son faltas administrativas. Lo que se le imputa a Rosendes y a Fernández es no haber dado la alerta, sin embargo, claramente con información técnica errada o, al menos imprecisa, no es posible que sean sancionados judicialmente. Además, si hubiesen dado la alerta cuando llegaron a la ONEMI (pasadas las 4:30 AM), la historia trágica de las víctimas no hubiese sido distinta. Finalmente, a Bachelet, que no tiene ninguna implicancia en la fallida alerta temprana, sólo queda imputarle pretextos políticos: falta de liderazgo, errores de decisión, u otros. Pero esos no son faltas administrativas ni menos penales. El resto que quieran atribuirle sólo será circo.
Creo que de lo único que es responsable es de no haber mejorado las condiciones técnicas de la ONEMI, las cuales por décadas han sido misérrimas. Pero allí habría que inculpar a todos los ex presidentes que no hicieron mejoras en dicha institución.

domingo, 13 de mayo de 2012

Pseudoperiodismo, pseudocensura y "pseudonanas"

Tras la decisión de Canal 13 de no transmitir la segunda parte del ‘reportaje’ sobre la discriminación a las empleadas domésticas, se ha abierto un doble debate respecto de la calidad periodística en la TV y sobre la ‘censura’, justo en la semana en que se celebraba el día de la libertad de prensa.

La acción que tomo Canal 13 se justificó en el hecho que el ‘reportaje’ no respetaba la línea editorial. Esto claramente no es así ya que la primera parte había sido transmitida y, por tanto, si había sido aprobado por la editorial de prensa. Empero tras la renuncia de la jefatura quedó claro que el ‘reportaje’ sí había transgredido las reglas de la dirección más que las del área editorial. A partir de la emisión de la primera parte y se da a conocer el trabajo periodístico, no solo el televidente observó la mala factoría del trabajo hecho con impericia y vulgaridad, sino que también las autoridades del canal se dan cuenta, probablemente a partir del revuelo generado y de las eventuales quejas de los aludidos, que, en efecto, el ‘reportaje’ era más bien la elaboración de una ficción informativa –un montaje, para decirlo en castellano–, donde una “dramatización” facilista en la que participan actrices, pretenden demostrar una tesis prediseñada: las “nanas” son objeto de discriminación en Chile. El hecho es probablemente cierto; el clasismo está instalado en nuestra sociedad. El punto es que a partir de cámaras ocultas y de un trabajo teatral más que informativo, se efectúa un montaje ajeno a la realidad: ¿se imaginan una empleada doméstica con un sueldo de unos $350.000 al mes, solicitando matrícula para una hija en un establecimiento donde la colegiatura duplica su salario? Para mayor dramatismo, y lejos de un hecho real, la actriz que representaba el papel de “nana” llevaba un atuendo ad-hoc, sólo para identificar su calidad de empleada doméstica. ¿De cuando un mecánico o un obrero o una parvularia llevan puesto su traje de trabajo para hacer trámites personales? En fin. Como ya había escrito, hoy el periodismo deja mucho que desear.
El periodismo televisivo está siendo sustituido por las artes de la representación y por el sociologismo al alero del rating y la gestión comercial. En necesario que la televisión proscriba de sus prácticas de cámaras ocultas y el melodrama. Distinto es una cámara escondida que en un espacio público recoge imágenes de situaciones reales, no montadas, que constituyan ilícitos o faltas de algún tipo.
 Finalmente, es preciso clarificar que en este caso no hubo censura. Claramente no fue un organismo externo al canal quien por algún medio impidió que se transmitiese la segunda parte del montaje… perdón, ´reportaje’. Aquí fue el propio canal quien, por las razones que ha aludido (el trabajo periodístico no cumplía con las reglas editoriales) quien libremente decidió no emitir una segunda parte. Se debe aclarar, además, que en esta segunda parte, se revisaría en cámara la respuesta de los supuestos discriminadores. Claramente el canal trató de evitar posibles querellas por difamación u otro delito.

miércoles, 9 de mayo de 2012

El periodismo deja mucho que desear en Chile…


En los últimos diez o quince años el periodismo, al igual que muchas otras profesiones, ha decaído notablemente. El problema es que el periodismo es una de las profesiones con mayor connotación pública al exponerse en los medios de difusión masiva y ser objeto de opinión. Pero el hecho es que cada día los reportajes carecen de calidad, la información no es de primera fuente, mucha de ella está pauteada, las entrevistas están acordadas y las opiniones vertidas por muchos carecen de fundamento.
En Chile el periodismo es una carrera que es ofrecida por muchas universidades (tradicionales y privadas) y ha caído en descrédito desde que muchas figuras televisivas con notable carencia intelectual han obtenido sus títulos profesionales y ofician de periodistas de farándula u opinólogos en programas radiales de dudosa reputación. Cómo no extrañar programas como Informe Especial, Mundo 83 y otros similares que entregaban más que información, entregaban cultura; periodistas como Carmen Correa, Hernán Olguín, Bernardo de la Masa, por mencionar mezquinamente algunos. Hoy contamos con los dedos de una mano los periodistas destacados pero conocemos a más de una veintena de reporteros y dos docenas de opinólogos en diversos medios que no son capaces de contar una buena historia, de entrevistar a alguien con información actualizada y fiable que permita poner en jaque al entrevistado.
En Chile ningún periodista (habrá excepciones, claro está) es especialista en ningún tema.  En otros países el periodismo es casi un postgrado que economistas, cientistas políticos y otros profesionales realizan para incorporarse en los medios de comunicación.
Así hemos llegado a que los noticieros son un 25% noticias de reporteos de tragedias y notas policíacas: para reportear esto no hay que ser muy brillante, sino entrevistar a las policías que dan su informe característico “los sujetos contaban con arma blanca e intimidaron a los moradores de la vivienda, reduciéndolos y sustrayendo las especies que robaron” y a los damnificados  con preguntas tan obvias como estúpidas “y usted… ¿qué sintió al ver que su negocio era asaltado por tercera vez este año?”.
Otro 20% son noticias absolutamente pauteadas, principalmente las inauguraciones y actividades de Moneda, Ministerios, municipios y del Congreso. Tanto así, que el día anterior ya se conoce la pauta del día siguiente.
Luego tenemos un 40% de deportes (del cual el 95% es fútbol). Aquí no hay mucho que decir. Basta con editar los partidos y balbucear comentarios idiotas.
10% de las noticias son notas internacionales. Nada que aportar, salvo algún comentario “especializado”.
Finalmente, un 5% de las noticias son noticias de verdad, algún reportaje interesante pero normalmente poco logrado, empleando tácticas como cámaras ocultas y forzando situaciones que normalmente no ocurren en la realidad. Un ejemplo, el reportaje de las Nanas de Canal 13. ¿Alguien ha visto en la vida real una asesora doméstica yendo a preguntar a un colegio particular pagado con matrículas de más de 300 lucas si puede matricular a su hija?
Por suerte muchos de estos periodistas ofician de opinólogos de farándula. La verdad es que al menos ellos son auténticos y ofician donde efectivamente pueden ejercer su profesión.